Los Despachos.

http://www.spiegel.de/flash/flash-24861.html

viernes, 21 de junio de 2013

“Estuve escribiendo a mi madre desde septiembre de 1937 hasta que me dijeron en diciembre que la habían matado”

Pedro-el-Sastredentroweb


Pedro El Sastre se llama en realidad José Domínguez Álvarez. Este puebleño enjuto y metódico con la vida y sus recuerdos nació el 18 de mayo de 1918. Conserva probablemente una de las memorias más activas y prolíficas de la provincia de Huelva. Es capaz de lucir con asombroso sentido de la libertad que dan los años, casi un siglo, un libro maldito por siempre en esta España decimonónica y caciquil hasta la exasperación: Las ruinas de Palmira, del ilustrado Conde de Volney. Una obra condenada en la piel hispana por su espíritu irreverente y poco modélico a ojos de la ortodoxia cristianizante de la España que le tocó vivir desde 1918 hasta nuestros días y que con tanta maestría representó en su tierra, Puebla de Guzmán (Huelva), un cura que tenía por nombre Juan R. O. Hombre de cruz y de espada.

Narra en su vasto anecdotario vital un detalle que a punto estuvo de delatarle durante su pertenencia al ejército franquista. Se paró a mirar libros, su gran afición, en un puesto callejero en las inmediaciones de una Cataluña (Lleida) en guerra y descubrió entre aquellas pastas manoseadas Las ruinas de Palmira. Miró a la anciana ambulante y le espetó “si quiere conservar la vida esconda ese libro”. Así lo hizo. Y aquel sastre que lo fue de veras siguió adelante junto a los soldados de su batallón.

José Domínguez fue reclutado por los nacionales en agosto de 1937, cuando la provincia de Huelva había sido ya dominada al completo por los fascistas y solo aguantaban en los campos y montes varios cientos de huidos, la mayoría ocultos en cuevas y pozos de mina, como su paisano Rodrigo Miguela le contaría después.

Este socialista que atesora hoy uno de los carnés más antiguos del partido de Pablo Iglesias, no en vano tiene 80 años de afiliación, ingresó por la fuerza de los hechos (cumplió los años en zona Nacional y en plena Guerra Civil) en las tropas de Franco después de soportar el fusilamiento de su propio padre, Diego Domínguez Ponce, segundo teniente de alcalde en Puebla de Guzmán. Y sin poder imaginar lo que viviría al poco tiempo de enrolarse en las filas del invicto Caudillo.
Le escribía cartas a su madre desde el frente sin saber que, como su padre, había sido asesinada junto a otras ocho mujeres
Fue enviado al frente, a batallar donde operaban las tropas italianas que apoyaban a Franco en La Alcarria. Desde aquellas tierras de miel, heladas negras, de esas que se meten bajo los terruños quebrados por el frío invernal que mata hasta las lombrices, escribía cartas a su madre, María Blasa. Sin saber que sólo días después de su marcha al frente bélico había sido también asesinada, en septiembre de 1937, por los fascistas locales junto a otras ocho mujeres en un angosto callejón puebleño conocido como el de la Fuente Vieja. Rosas de Guzmán que padecieron una venganza atroz durante los muchos días, semanas y meses que permanecieron retenidas en la vieja carnicería del pueblo, utilizada como almacén municipal.

LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA NO LLEGÓ A ELLAS

Diego Domínguez Ponce y María San Blas (Blasa) Álvarez Cano tuvieron cuatro hijos: María Jesús, a la que le mataron a su novio, José, Martín y José (Pedro el Sastre). A Blasa iban dirigidas las cartas inútiles que le mandaba su hijo desde el frente. “Estuve escribiendo a mi madre desde septiembre de 1937 hasta que me dijeron en diciembre que había muerto”, recuerda ahora José en su casa de Puebla, en medio de un increíble archivo personal, ordenado recuerdo con nombres, horas, testigos y víctimas de aquellos años que le rompieron el corazón y le fortalecieron la memoria.

No fue hasta el último mes del 37 cuando descubre la verdadera causa de la muerte de María Blasa, su asesinato a manos de los muy activos piquetes fascistas locales. Y supo también que su madre comparte una fosa común, donde hoy todavía reposan sus restos, junto a los de otras quince mujeres puebleñas asesinadas, y a las que no recuerda ni un simple monolito de esos que florecieron al calor de la Ley de Memoria Histórica. Como tampoco lo hace ninguna metopa o similar que haga referencia al centenar de vecinos asesinados por los represores locales que se hicieran triste y desgraciadamente famosos por todo el Andévalo y que parecían poseídos y devotos del pagano y sanguinario Baal, el dios vengativo que exigía sacrificios y que cuentan crónicas y curanderos que se llegó adorar en estas tierras de Tharsis y Cabezas Rubias en otros tiempos sin civilizar. Como estos.
Supo que su madre comparte una fosa común con otras quince mujeres a las que no recuerda ni un simple monolito de esos que florecieron al calor de la Ley de Memoria Histórica
Él no puede olvidar. Ha ideado un proyecto para convertir el viejo cementerio puebleño en un lugar de memoria, lleno de vida, jardines, fuentes con agua clara. Y lo propone antes de que la piqueta o el hormigón acaben por engullir, esta vez para siempre, a las quince rosas allí enterradas y a las decenas de represaliados que yacen bajo los nichos derruidos, agrietados y expuestos a la intemperie.

José fue a la guerra con 19 años y hoy cree que estuvieron esperando a que “saliéramos del pueblo los reclutas para cometer sus bárbaros crímenes”. “Ordenaron el asesinato de aquellas mujeres y hombres sólo por satisfacer el instinto criminal fascista, ese ansia de destrucción de la vida que tenían”, apunta El Sastre, mientras busca uno de los muchos papeles donde lo tiene todo minuciosamente apuntado y que recoloca en su sitio como si se fuera a perder durante la entrevista.

Ninguna de estas mujeres tenía filiación política ni actividad sindical. Su único pecado fue el de formar parte de una familia en la que muchos de sus hombres habían sido ya eliminados.

Antes de ser asesinadas en el callejón de la Fuente Vieja muchas de ellas fueron vejadas en aquella lúgubre carnicería, siniestro lugar donde sus familiares iban a diario a llevarles la comida, con el temor de que cualquiera sería el último día de su existencia. “No se les hizo juicio, nada. Sacadas a media noche y llevadas a un paredón”.  Días después otras seis mujeres corrieron la misma suerte.
Antes de ser asesinadas en el callejón de la Fuente Vieja muchas de ellas fueron vejadas en aquella lúgubre carnicería
Su muerte, su crimen no fue tan anónimo como pretendían sus verdugos. José Domínguez tiene apuntados los nombres de testigos que vieron y oyeron los últimos momentos de aquellas Rosas de Guzmán en la flor de la vida que les quitaban cuando apenas sabían lo que era la juventud. “Tal fue la degeneración a la que llegaron sus verdugos que uno del pelotón levantó la falda a una de las que acababa de fusilar y le hizo gestos obscenos”, cuenta José Domínguez, que no para de buscar otra de sus notas en las que aparece subrayado en nombre de los testigos y alguno de los asesinos.

La vejación al cuerpo inerme de Dolores fue tan cruel que no pasó desapercibida al jefe del piquete de fusileros que amenazó con pegarle un tiro al autor de tal fechoría, quien antes la había estado acosando sexualmente sin lograr su objetivo. “A varias de ellas, antes de matarlas, las pelaron y le dieron aceite de ricino. Solo la venganza, la crueldad puede explicar ese comportamiento”, piensa José Domínguez, para quien no hay motivos para desencadenar aquella brutal represión. No les hizo falta buscar pretextos.
A los familiares de muchas de las víctimas les espetaban los simpatizantes del golpe contra la República en plena calle ‘Po y eso, parece que hemos cambiado el colorao por el negro”. Se referían a las proclamas republicanas que habían sonado en Puebla desde el mismo invierno de 1930, sustituidas ahora por el luto con olor a muerte que impregnaba e inundaba todo. Esa gente, muchos de los cuales llevaban una visible cruz colgada al cuello “no tenían corazón. Esa cruz no les tocaba nada más que la ropa”, señala José.



El viejo cementerio. // R. M.

Otra de las justificaciones que dieron como pretexto para sus desmanes fue la quema de la iglesia y los daños a la ermita. “Si no hubieran quemado la iglesia… no hubiese pasado esto”. No, responde José, aquello era “fobia, rabia asesina, sed de venganza”. El Sastre dice que a mucha gente asesinada le dolió la quema de la iglesia aquella madrugada de julio y los actos sacrílegos contra la devoción de la Virgen de la Peña.

Después de todo aquello hay una cosa que sigue pensando José con todo el dolor de sus recuerdos: “Un arma grande de los franquistas fue el olvido, han llegado a desfigurar la realidad de un país. Y sus herederos políticos continúan hoy la tarea”.

Puede que tenga razón este enjuto nonagenario metido entre dos siglos que ahora se tocan en sus apuntes, en sus libros, cuadernos, en sus fotografías, en los ríos de palabras que fluyen en este deshielo de su vida, memoria viva del socialismo de los siglos XX y XXI.

No tuvieron mucha dificultad los fascistas en el caso de Puebla de Guzmán para encontrar un hilo conductor a sus fechorías pues había sido uno de los pocos pueblos de Huelva, las andalucías y España donde se abrazó con enorme y estruendoso entusiasmo el pronunciamiento militar, a favor de la República y contra la monarquía endeble de Alfonso XIII, de Galán y García Hernández en Jaca.
Qué se podía esperar de un pueblo con más de 7.000 habitantes, mina (Herrerías), mineros, casa de médicos, teatro (Aurora) en aquellos años 30 que precedieron a la causa republicana que nació el 14 de abril de 1931 y murió un 18 de julio de 1936.

La incansable memoria y el afán historiador de Pedro El Sastre evita que aquellos hechos, importantísimos, en el devenir de España en general y Huelva en particular se pierdan y olviden como si nunca hubiesen sucedido. Sus palabras revalorizan la historia local que luego será la de España.

Una vez más las letras de José sirven de guión para recordar en primera persona y revivir una España entre la dictadura (blanda de Berenguer), un desprestigiado Rey y la II República que poco a poco se abría paso en medio de un sinfín de tensiones y conspiraciones.

PUEBLA REPUBLICANA

El Gobierno consiguió aplacar el intento republicano con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández pero la lentitud en el circular de la noticia del fracaso de los militares, la desinformación y confusión que rodearon el momento llevaron a los puebleños, guiados por el maestro Francisco Lianes y Francisco Pérez Carrasco, a proclamar y hacer suya aquella República naciente. El pueblo andevaleño se convirtió así en uno de los primeros y pocos que abrazaron la nueva forma de gobierno. El Sastre describe al maestro Lianes como un sincero seguidor de “la evolución y la revolución de la enseñanza. Hizo desaparecer la palmeta (la letra con sangre entra) de la escuela ya en 1928”. Durante dos días, Puebla fue republicana.

El diario de José Domínguez Álvarez es tan útil para los estudiosos de la historia a pie de calle, un verdadero antídoto contra el olvido impuesto por 40 años de dictadura franquista, que realiza una verdadera disección de la represión fascista en Puebla de Guzmán. Pocos pueblos y sucesos de esta magnitud cuentan con un notario tan fiel. Un listado de un centenar de nombres de represaliados, depurados, vejados y, algunos, torturados que completa el aportado en el libro La Guerra Civil en Huelva, de Francisco Espinosa, y que alcanza 46 nombres, de los cuales 8 son mujeres.

La lista que ofrece El Sastre bajo el particular epígrafe de Relación de personas de Puebla de Guzmán asesinadas durante la inhumana represión franquista llega al centenar y no solo se basa en sus nombres y apellidos sino que ubica, describe los lugares y aporta, en algunos casos, los nombres de testigos que pudieron ver y oír los fusilamientos y sus consecuencias inmediatas, los cuerpos y cadáveres de las mujeres y hombres liquidados sin juicio previo ni prueba alguna en su contra. Inscribe a las víctimas pero añade a la fecha de su fusilamiento el lugar donde se cometió el acto criminal represivo, sus familiares y descendientes y en algunos casos los pormenores y circunstancias que rodearon los hechos. Para que no haya dudas, su relación incluye los apodos por los que eran conocidos en el pueblo y lugar de residencia.
El análisis de víctimas cuenta con tres apartados que llaman la atención: los asesinados que vivían fuera de Puebla de Guzmán; un completo subrayado de las víctimas femeninas de la purga criminal franquista y una concreta enumeración de personas de la misma familia que fueron víctimas de aquella masacre. Entre ellas destaca la suya, la familia Ponce-Álvarez, que además del propio matrimonio perdió a una hermana, María Domínguez Ponce; al yerno, Manuel Romero Fiscal; y a un sobrino, Mateo Domínguez Rodríguez. 26 nombres, unidos por la unidad familiar, masacrados entre la Fuente Vieja, la Curva de la Muerte o un domicilio particular. Aquí apunta José Domínguez el caso de  Dolores Ponce Barbosa, la del Barrio Chico, 27. Junto a las listas incluye los nombres de puebleños que vieron y han podido contar algunos de los hechos.

A un joven José Gómez Montesinos, a quien despiertan los disparos del pelotón de fusilamiento de la Curva de la Muerte cuando estaba dormitando en una era de las inmediaciones. Bajó a ver lo que pasaba y un miembro del piquete le advirtió y le obligó a irse. “Tuvo suerte, pudo ser el número 22 de los fusilados aquel día de agosto de 1936″, subraya. Otros (Diego Mora y su padre, los Tangonero), cuando se encontraban cuidando unas cabras tras unas piedras amontonadas, majanos, conocieron a quien dio la voz de ¡fuego! Y seguidamente las mortíferas descargas. José Domínguez, una vez más, plasma en letras la crueldad de aquellos momentos: “Incomprensiblemente, uno, apodado Mozo (vivía en Cebadilla, 16)  logró huir del fusilamiento pero fue capturado por los dos miembros más jóvenes del piquete. Cuando uno de ellos iba a rematarlo, el otro se lo impidió diciendo ¡déjamelo, que es mi vecino!, luego lo arrastraron a la cuneta junto a los demás, que fueron ocultados y conducidos hasta su destino en Alosno”.

No se olvida del caso de la Tía Chica, madre de Juan José, con dos hijas más. “Escondida tras los muros de su corral, que formaba parte del callejón, escuchó la preparación de los crímenes de las nueve mujeres en Fuente Vieja en los confines del verano de 1937”.

Como si de un recordatorio se tratara, José deja señalados los lugares de Puebla, aquellos testigos mudos de los asesinatos, y algunos de sus autores, muchos de ellos protagonizados por piquetes fascistas locales. Rincones como la Curva de la muerte (21 asesinatos), cementerio (no aportado el total de víctimas debido al desorden y capricho con que se cometieron tales actos), Callejón de la Fuente Vieja (nueve mujeres) la escalinata pequeña del Castillo, la Fuentecilla (hoy pista hípica), finca Gasparito, Majal Tomillo, o en la calle Barrio Chico. En ninguno de ellos se recuerda a los asesinados, ni siquiera a las Rosas de Guzmán.
Las notas redactadas por José Domínguez, socialista  confeso y republicano convencido, son un ensordecedor escaparate que hace enmudecer al que lo ojea
Las notas redactadas por José Domínguez Álvarez, socialista confeso y republicano convencido, es sin duda un ensordecedor escaparate que hace enmudecer al que lo ojea pero también ayuda a comprender la dinámica criminal de la maquinaria represiva fascista desencadenada como un huracán de fuego en los primeros días, meses y años que siguieron al golpe de estado del 18 de julio de 1936. Muestra descarnadamente lo que el mismo autor denomina “instinto criminal” y que queda claro tras el asesinato de las nueve mujeres que fueron sacadas de la antigua carnicería para conducirlas al paredón o de las otras seis que siguieron su suerte y desdicha.

Sus verdugos, después de cometer aquel crimen, se jactaban por el pueblo de lo que habían hecho. La escena no puede ser más tenebrosa: “Los criminales cargaron los cuerpos de las mujeres en un carro requisado. Iba tirado por una sola bestia. Tuvieron que empujarlo para que el animal subiera la cuesta que lleva al cementerio”.

Reconocimientos Oficial de los Aguilarenses Exterminados en los Campos de Concentración Nazis


RECONOCIMIENTO OFICIAL DE LOS AGUILARENSES EXTERMIADOS  EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS


                                                                                                 






El pasado día 29 de mayo de este mismo año, por fin el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, en el salón de Plenos, en sesión ordinaria, aprobó por unanimidad una ya vieja petición de AREMEHISA.


La vieja petición, data del día 11 de julio del año 2008. Hace ahora, pues casi cinco años que esta Asociación solicito al Ayuntamiento, el reconocimiento oficial por parte de la corporación municipal de todos los aguilarenses exterminados en los campos de concentración nazis, así como la colocación en su memoria de una placa conmemorativa con sus nombres en algún lugar del interior del Ayuntamiento.


Por fin, después del tiempo transcurrido y tras la presentación por parte del grupo político de UPOA -Unidad Popular de Aguilar de la Frontera – Partido Comunista del Pueblo Andaluz-, de una moción de apoyo a esta vieja demanda de reconocimiento oficial a las cinco personas de esta localidad que padecieron el holocausto nazi, la totalidad de los grupos políticos por unanimidad ha dado vía libre para que una parte de nuestro pasado más reciente sea conocida y reciba el reconocimiento público e institucional que sin duda alguna merecen.


El inicio de la Segunda Guerra Mundial, puso en marcha la sanguinaria maquinaria militar alemana, a la que acompañó la puesta en práctica de la política nazi antisemita que Hitler, de forma progresiva y totalmente planificada fue extendiendo hacia otros colectivos de prisioneros , como les ocurrió a los prisioneros republicanos españoles, víctimas del exilio fruto de la guerra civil. Más de 450.000 exiliados y exiliadas llegaron a Francia, donde fueron recluidos por el gobierno francés en campos de reclusión carentes por completo de las mas mínimas condiciones de salubridad y donde encontrarían la muerte mas de 35.000 españoles y españolas.


En abril de 1939, el gobierno francés ofreció la posibilidad de abandonar los campos con la condición de poseer un puesto de trabajo legal, inscribirse en la milicia, principalmente la legión extranjera, o trabajar en las construcciones defensivas del país, ante la eventualidad de un conflicto bélico.


El comienzo de la confrontación con Alemania y la posterior derrota francesa supuso la captura por parte del ejercito alemán de importantes contingentes de españoles que fueron trasladados de inmediato a los campos de concentración nazis, con plena condescendencia, conocimiento y beneplácito de la dictadura franquista.


Mauthausen y Gussen fueron los elegidos para los republicanos españoles capturados. Mautausen comenzó a ser construido tras la anexión de Austria por parte de Alemania en marzo del año 1938. S principal finalidad como campo de trabajo y exterminio fue el aprovechamiento de las canteras de Wienen Graben.


Según los datos cotejados hasta el momento, hay importantes carencias para desarrollar las investigaciones, debido sobre todo a la falta de documentación. 5.471 españoles, pertenecientes a 2.219 localidades de nuestro país fueron deportados a Mautausen. De ellos fueron 905 las personas andaluzas de otros 332 municipios de Andalucía los que sufrieron el escarnio de la locura humana en sus carnes, casi todos ellos eran en su mayoría soldados del Ejercito de la República, que habían defendido hasta la extenuación la legalidad vigente, la libertad y la democracia española durante la guerra civil y que en el estrangulamiento del frente hacia Cataluña, se habían visto obligados a cruzar la frontera hacía Francia.


Entre ellos había 5 paisanos nuestros. Cinco hombres cuyo nombres no han figurado nunca en los grandes libros de historia, al lado de los grandes personajes, lo cual para nosotros no significa que no tuvieran un protagonismo excepcional, no siempre conocido ni reconocido.


Entre los deportados al campo de exterminio de Mauthausen, se encontraban 4 personas de Aguilar de la Frontera:


ANTONIO GARCIA MORALES, natural de Aguilar de la Frontera, nacido el día 13 de julio de 1913, enviado a la prisión alemana de Fallingbostell, donde ingresó con el número de prisionero 87724, siendo deportado al campo de concentración de Mauthausen el día 27 de enero de 1941 y marcado con el número 5966. En el mismo campo de extermino encontraría la muerte el día 15 de marzo de 1942..


MIGUEL BARRAGAN CRIADO, natural de Aguilar de la Frontera, donde nació un 29 de septiembre de 1905, sería detenido y enviado a la prisión alemana de Altengrabow y deportado posteriormente al campo de exterminio de Mauthausen el día 3 de noviembre de 1941, siendo marcado en el mismo con el número 3184. No se sabe nada de su último paradero o de si murió en el mismo campo en fecha desconocida.


FRANCISCO MENDOZA BELLO, natural de Aguilar de la Frontera, nació el día 21 de mayo de 1917. Fue detenido por la gestapo y enviado a la prisión de Bathorn, desde donde fue deportado al campo de concentración de Mauthausen el día 22 de julio de 1941 donde se le marcó con el número 3308. Fue liberado cuando las tropas americanas liberaron el campo el día 5 de mayo de 1945. Estuvo en Mauthausen casi cuatro años.


ANTONIO URBANO COBOS, natural de Aguilar de la Frontera, donde nació el día 15 de febrero de 1918, fue detenido junto a Francisco Mendoza Bello, con el cual compartió muchos años de penas y sufrimientos y enviado junto a él a la prisión alemana de Bathorn, desde donde los trasladarían a Mauthausen el día 22 de julio de 1941, siendo marcado a su llegada al campo con el número 3509, un número posterior al de Francisco Mendoza Bello. Sería también liberado junto a esta el día que las tropas americanos liberan el campo el 5 de mayo de 1945.


Y en el tristemente celebre campo de exterminio de Buchenwald, reservado para los miembros de la resistencia más activa fue deportado


JOSE MARIA CABEZAS ARANA, natural al igual que todos los demás de Aguilar de la Frontera en donde nació el día 26 de octubre de 1918. Fue detenido y enviado a la prisión de Compiegne, el día 17 de enero de 1944. Dos días más tarde el 19 de enero de 1944, le deportarían al Campo de exterminio nazi de Buchenwald, donde le marcaron con el número de matricula 40613. Permanecería en Buchenwald, hasta la liberación del campo por el ejército americano el día 11 de abril de 1945.


                                                                                                        
  

No Perdonamos No Olvidamos.

jueves, 20 de junio de 2013

¿Por qué obedecemos al FMI?

Antonio Quero, Consejero del director general de Presupuestos de la Comisión Europea.



quero_cara 

El reconocimiento por parte del FMI de un error de cálculo, al haber subestimado el impacto recesivo de la austeridad que preconiza, ha provocado numerosos comentarios indignados y críticas a este organismo, sin embargo no se atisba que los gobiernos europeos, y aún menos el español, tengan intención de poner en cuarentena las recomendaciones del FMI hasta que sus modelos económicos recuperen fiabilidad. ¿Qué tiene el FMI para que sus opiniones sean ley?

Nos podemos hacer la misma pregunta sobre la UE y sus prescripciones económicas sólo que, en este caso, las recomendaciones emanan de un consejo de ministros en el que se sientan representantes legítimos de gobiernos democráticos a quienes hemos reconocido un poder a través de un tratado ratificado por parlamentos soberanos o referendos. El FMI, por su parte, está gobernado en su día a día por un directorio ejecutivo de 24 miembros, agrupándose los 188 países miembros del Fondo para compartir una de esas 24 sillas. Los grupos reflejan la historia del FMI desde su creación en 1945; España entró a formar parte del mismo en 1958 y comparte silla no con sus vecinos europeos, como cabría esperar, sino con México, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Honduras. En otras palabras, las recomendaciones del FMI son el producto de unos tecnócratas avalados por unos directores ejecutivos que apenas representan a sus ministros de finanzas y que deliberan y deciden en la opacidad de un órgano en el que sólo Estados Unidos tiene derecho de veto.


Otra cosa es que un organismo te preste dinero y te imponga unas condiciones, pero ese no es el caso del FMI con España. Hasta ahora nuestro país sólo ha recibido ayuda financiera para el rescate de los bancos y ésta proviene íntegramente de la UE. El memorando de entendimiento firmado por España para recibir dicha ayuda ha sido elaborado por la Comisión y el BCE y decidido por el Consejo de Ministros de Finanzas (Ecofin).


Es conocido que otros países, disconformes con las recomendaciones del Fondo, han dejado de seguirlas. No es el caso de Islandia como erróneamente se cree, pero sí de países latinoamericanos y asiáticos. De hecho, estas dos regiones del mundo, escaldadas por los designios del FMI que agravaban sus males y que respondían a la ideología dominante impuesta por Estados Unidos en el Fondo, con la complicidad de Europa, han constituido fondos regionales independientes con el fin de no necesitar su ayuda y así poder ignorar sus recomendaciones. Curiosamente, antes de la crisis, el FMI buscaba desesperadamente países a los que prestar y de este modo justificar su existencia. Sus clientes habituales habían encontrado vías alternativas y no era concebible en aquel momento que los países desarrollados, entre ellos los miembros de la UE, pudieran necesitar su asistencia financiera.


Al principio de la crisis hubo reticencias por parte de la UE a que el FMI interviniera en los rescates europeos, que empezaron en países no miembros de la zona euro, como Letonia, Hungría o Rumanía. Había un prurito de orgullo político que veía como un fracaso el que la UE necesitara ayuda externa. Esta posición la defendieron sobre todo la Comisión Europea y el presidente del Eurogrupo (consejo de ministros de finanzas de la zona euro), Jean-Claude Juncker, pero poco a poco los países con más peso, como Alemania, Reino Unido o Francia, empezaron a reclamar la opinión del FMI y a contemplar la posibilidad de recurrir a sus líneas de crédito. El argumento oficial era que resultaba absurdo no utilizar un fondo diseñado precisamente para este tipo de problemas, la crisis de balanza de pagos, y al que cada país había cotizado con el fin de poder recurrir a él en caso de necesidad.


Los argumentos reales eran de otra naturaleza. Por un lado, se atribuía al FMI mayor capacidad técnica que la Comisión y el BCE para diseñar rescates, lo cual era cierto puesto que forma parte de las funciones de aquél mientras que nunca había sido la preocupación de éstos. Como prueba de ello, en la asistencia macrofinanciera prevista en el presupuesto de la UE para países terceros, como Serbia o Ucrania, la Unión se limita a poner el dinero y delega al FMI el diseño de la condicionalidad. Por otro lado, estaba la razón de más peso, de carácter político, que es la sumisión de los europeos en materia económica a la tutela de Estados Unidos, que es quien realmente gobierna el FMI (la sede del Fondo está en Washington a tres manzanas del Departamento del Tesoro). Una sumisión heredada de la Guerra Fría y que, en esta ocasión, venía reforzada por la creencia de que la firma del FMI sería un aval de peso de cara al juez último de los rescates, los mercados.


Ahora el FMI afloja el yugo de la austeridad y en pocas semanas la Unión seguirá sus recomendaciones y concederá más tiempo a España, Francia y otros países para alcanzar el objetivo de 3% de déficit. Una buena noticia para sus ciudadanos pero que no resuelve el problema de fondo: el gobierno económico internacional carece de pluralismo en su diseño y de control democrático en su ejecución.


Elogio de la ciudadanía

Los ciudadanos ven con estupor la descomposición del régimen y la abdicación de las élites.

  EL País

La señora Parkington, de Louis Bromfield, es una novela sobre una mujer adinerada de Estados Unidos en los tiempos posteriores a la crisis del 29. En ella se puede leer este párrafo: “En sus pocos años de experiencia había conocido a demasiados hombres como Anthony Stilbron, y ninguno era de fiar: individuos que creían que sus privilegios les situaban por encima de las leyes morales de los ciudadanos corrientes”. El paisaje humano actual vuelve a estar plagado de personajes como estos. La vocación de las élites de vivir en un mundo aparte se reproduce de época en época. Y en situación de crisis se hace más evidente porque distintos son los lenguajes, distintas son las actitudes y distintas son las percepciones de la realidad entre las cúspides del poder y la ciudadanía.

 Ahora Gobierno y poder económico han decidido lanzar un mensaje de optimismo. Y como un coro se han puesto a repetir que ya estamos saliendo de la crisis. En un solo día cinco ministros y varios empresarios han cantado, con escasas variantes, este mismo mensaje. Aunque el FMI ha venido a aguarles la fiesta porque “las perspectivas de España siguen siendo difíciles”. Cuando no hay ideas ni proyectos políticos, solo queda una salida: la consigna. Y la pretensión de este repentino optimismo oficial es conseguir que la repetición de la consigna tenga eficacia preformativa. Es decir, que a base de proclamar la buena nueva, la ciudadanía se la crea y vuelva la demanda interna. Choca sin embargo que esto ocurra seis semanas después de que el gobierno proclamara el apocalipsis, en una infausta conferencia de prensa. ¿Aquella declaración formaba parte del espectáculo? ¿O es aquel patinazo comunicativo el que ha conducido a esta rectificación de tono y estilo?

Esta crisis ha sido la crisis de las élites. Ellas fueron las que dieron pábulo al descontrol de los años del nihilismo, cuando se impuso la idea de que todo estaba permitido,de que no había límite ni al crecimiento ni al crédito ni a la especulación. Y si el dinero fue la punta de lanza del desvarío, la política no hizo nada para frenarlo. Unos y otros, desde su mundo, tan alejado de la realidad, en ningún momento han dado a la ciudadanía una perspectiva para trampear el desamparo. Es más, desde Bankia hasta la chapuza de las propiedades de la Infanta, la crisis ha servido para que tomáramos conciencia del grado de deterioro institucional en que vivimos. Los documentos de Hacienda sobre unas transacciones al parecer inexistentes de la infanta Cristina solo pueden ser fruto de la incompetencia, de la frivolidad o de la manipulación deliberada. Pasan los días y no se ha producido ni una sola dimisión, ni siquiera el Gobierno ha sido capaz de aportar una explicación satisfactoria. ¿De qué sirve gastar dinero vendiendo la marca España si después se producen despropósitos de esta envergadura, con la Corona de por medio, y en un clima de suspicacia colectiva?

La ciudadanía contempla con estupefacción la descomposición del régimen y la abdicación de las élites que deberían recomponerlo. Puede argumentarse que la ciudadanía se dejó arrastrar por las fantasías de los años del delirio, pero no se puede soslayar el enorme poder institucional y comunicacional que estaba al servicio de aquella quimera. La realidad es que la sociedad española es una sociedad abierta y secularizada, sobre la que la Iglesia cada día tiene menos peso y capacidad normativa; que ha asumido cambios importantes en materia de costumbres con mucha más naturalidad que en otros países (véase la movilización francesa contra al matrimonio homosexual); que ha vivido un proceso de llegada intensiva de inmigración extranjera sin dar pábulo a los que trataron de explotar el racismo y la xenofobia; que ha sido capaz de desarrollar formas de cooperación y de solidaridad para soportar los rigores de una austeridad cruel; que ha hecho sentir su voz, a través de la sociedad de la información y de los movimientos sociales, ante flagrantes abusos de poder; y que está poniendo en la picota a los principales partidos, porque quiere una política distinta. Tanto es así, que si hay alguna esperanza de reforma de un régimen tan deteriorado hay que verla en el impulso ciudadano ante unas élites anquilosadas, insensibles, atrapadas por el miedo a hacer cambios imprescindibles. Unas élites capaces de llevar a cabo unas políticas de austeridad que han destruido los salarios y el empleo (y el FMI todavía pide más), pero incapaces de hacer unas reformas que supongan una verdadera redistribución del poder. Y que ahora buscan legitimarse con la píldora del optimismo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Las pensiones: recortes innecesarios

Artículo publicado por Vicenç Navarro, cuya versión original se publicó en catalán en el diario ARA, 14 de junio de 2013.

Este artículo señala que, en contra de lo que se está enfatizando en el mal llamado Comité de Expertos sobre las pensiones, las pensiones públicas en España son viables y sostenibles sin que se hagan recortes. El artículo subraya que el problema que existe con las pensiones no tiene casi nada que ver con la transición demográfica sino con la distribución de las rentas. Como resultado de la aplicación de las políticas neoliberales, ha habido en los últimos treinta años un incremento muy notable de las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, de las que derivan los ingresos del sistema de pensiones públicas. Este es el problema real del que no se habla en los medios de mayor difusión, muy influenciados por el capital financiero.

Una postura muy generalizada en los círculos económicos y financieros que se reproduce también en algunos de los fórums políticos y mediáticos más importantes, tanto de Catalunya como de España, es que el sistema de pensiones públicas ya no es sostenible. El crecimiento de la población anciana y la disminución de la población joven hacen que esta última tenga más y más dificultades para mantener a la primera. Esta postura ha alcanzado casi la categoría de dogma i, como todo dogma, se reproduce a base de fe en lugar de evidencia empírica.

En primer lugar, en aquellos sistemas en los que las pensiones se pagan a través de las cotizaciones a la caja de la Seguridad Social procedentes del mercado de trabajo (es decir, de la población empleada), la sostenibilidad de las pensiones viene definida por la cantidad de dinero que esta caja recibe, basada en el número de cotizantes (la gran mayoría de trabajadores asalariados) y en la cantidad de la cotización que depende del nivel salarial, el cual depende, a su vez, de la productividad y de la presión laboral (es decir, de la fuerza de los sindicatos). En Catalunya y en España no es que falten jóvenes o gente que podría y desea trabajar. Al contrario, hay mucha más gente joven que desea trabajar que puestos de trabajo. Y los salarios son, como promedio, mucho más bajos que en el resto de la Unión Europea de los Quince (UE-15), en parte por la estructura productiva de la economía catalana y española y en parte por el gran poder del mundo empresarial sobre el laboral. Las políticas de austeridad (de destrucción de empleo en el sector público, por un lado, y de bajada de salarios, por otro) están deteriorando enormemente el mercado de trabajo y con ello la financiación de las futuras pensiones. Son estos factores los que cuestionan el futuro de las pensiones, no la transición demográfica.

En realidad, aquellas instituciones financieras (y muy en especial la banca y las compañías de seguros) que han jugado un papel clave en crear el problema financiero causante de la gran crisis y recesión en la que nos encontramos son las mismas que protagonizan ahora la campaña de la supuesta inviabilidad de las pensiones, animando a privatizarlas. Un ejemplo son las recomendaciones de la llamada Comisión de Expertos (nombrada por el gobierno Rajoy), la mayoría de cuyos miembros son profesionales que trabajan o han trabajado para la banca y las compañías de seguros. No es sorprendente que recomienden que se reduzcan las pensiones públicas “aprovechando el momento de crisis para hacer estas reformas” (frase que aparecía en un borrador del informe, y que desapareció en la copia final).

En realidad, esta campaña está estimulada por la Comisión Europea, la misma que ha estado presionando para que se apliquen las políticas de austeridad que están llevando a nuestro país a la situación en que ahora nos encontramos. El famoso informe sobre las pensiones de la Comisión Europea, escrito en 2008, ya indicaba que, si España se gastaba el 8% de su PIB en pensiones en 2007, debería gastarse, a causa del crecimiento demográfico, el 15% del PIB en 2060, lo cual concluía que era insostenible. Se consideraba que este porcentaje de gasto público en pensiones para aquel año era inasumible. Este argumento se ha repetido constantemente, asumiendo erróneamente que un gasto en pensiones el 15% del PIB era inviable, sin explicar por qué (Italia se gasta ya ahora un 15%). En realidad, la mayoría de los países de la UE-15 se gastan mucho más en pensiones de lo que lo hacen Catalunya o España).

Si se asume que no es posible es porque se considera que se necesitan al menos dos cotizantes para sostener a un pensionista. Pero asumir que esta ratio será necesaria en el futuro es un enorme error, pues no tiene en cuenta el incremento de la productividad. Si esta creciera un 1,5% por año (un porcentaje razonable), significaría que en 2060 el PIB del país habría crecido 2,25 veces. Es decir, que si el PIB era 100 en 2007, en 2060 sería 225. Pues bien, los pensionistas que recibían 8 puntos (de 100) pasarían a recibir 33 puntos (15% de 225). Y los no pensionistas  pasarían de recibir 92 puntos (100-8) a 192 (225-33=192). En ambos casos, las cantidades son mucho más altas que las actuales. O sea, que tanto los pensionistas como los no pensionistas tendrían más recursos. ¿Dónde está, pues, el problema? En 2060 un cotizante podrá sostener a varios pensionistas.

No considerar el impacto de la productividad en el crecimiento de la riqueza lleva a conclusiones absurdas. En Catalunya, hace 40 años, el porcentaje de la población que trabajaba en el campo en la producción de alimento era el 18%. Hoy es solo el 2%, i este 2% produce más de lo que producía el 18% hace 40 años. Imagínese el ridículo que habría hecho un economista si hubiese alarmado a la población diciendo que, como que cada año habría menos trabajadores en el campo, no se producirían suficientes alimentos y nos moriríamos de hambre. Pues sustituyan ahora el término “alimento” por “pensiones” y verán el ridículo que se está haciendo.

En realidad, si miramos las hemerotecas, podemos leer que ya desde el principio de las pensiones públicas se alarmó a la población. El colapso de las pensiones anunciado por los catastrofistas es una de las predicciones más erróneas de la literatura económica.

El problema de las pensiones no es la transición demográfica sino la enorme concentración de las rentas a favor del capital a costa de las rentas del trabajo, resultado de las políticas neoliberales que se han estado aplicando desde los años ochenta. En la Unión Europea ha habido (a partir del establecimiento del euro y como resultado de cómo se ha diseñado su gobierno) un aumento de las rentas del capital a costa de la disminución de las rentas del trabajo, fenómeno acentuado en España y en Catalunya, donde por primera vez las rentas del capital son mayores que las rentas del trabajo. Puesto que la financiación de la Seguridad Social procede de las rentas del trabajo, ello significa que los ingresos a la Seguridad Social han ido bajando. Esto es resultado del hecho que el incremento de la riqueza y las rentas provenientes del crecimiento de la productividad ha ido más a enriquecer al mundo del capital que al mundo del trabajo. Y ahí está el problema del cual no se habla. En su lugar, se atribuye la posible insostenibilidad a un determinismo demográfico que no existe. No es la inexistente lucha entre los grupos de edad, sino la lucha sobre el control del incremento de la riqueza (resultado del aumento de la productividad) entre el mundo del capital y el mundo del trabajo lo que es el punto central del análisis sobre la sostenibilidad o no de las pensiones públicas.

domingo, 16 de junio de 2013

"El Parlamento sencillamente es una pandilla de gente que aprieta un botón"

Juan M. Blanco

El coautor del libro 'Catarsis. Se vislumbra el final del régimen'  cree que el sistema político surgido de la Transición está ya superado y defiende una regeneración democrática en profundidad en la vida pública española

España está abocada a un cambio de régimen. El sistema político surgido de la Transición y la Constitución de 1978 que lo sanciona y ampara están en un irreversible proceso de descomposición. La democracia actual es de muy baja calidad: ha terminado por convertirse en un sistema de acceso restringido en favor una oligarquía política y otra financiera que intercambian favores y prebendas sin ningún pudor. Y todo ello en un clima dominado por la corrupción, el descrédito de la monarquía y la desafección hacia los partidos políticos. Javier Benegas y Juan M. Blanco acaban de publicar en la editorial Foca el libro Catarsis. Se vislumbra el final de un régimen, una obra en la que los dos autores diseccionan los graves errores del sistema político español y defienden una reforma en profundidad del mismo. 

Público charló con Juan M. Blanco, profesor de economía en la Universidad de Valencia, sobre el futuro al que se enfrentan los ciudadanos en un plazo no muy largo. 

Dicen que España necesita una catarsis. Ahí es nada.

Lo que nosotros planteamos es que el régimen, por muchas razones, está en su fase final, en un proceso de descomposición. Es necesario reconocer los errores cometidos, hacer limpieza y llevar a cabo una reforma profunda del sistema. Esta es la idea que nosotros tenemos de la catarsis. 

El subtítulo de la obra es contundente: Se vislumbra el final del régimen. ¿Se atreven a dar una fecha? 

Las oligarquías del régimen van a intentar resistirse todo lo que puedan, pero hay muchos elementos que indican que esto no pueda durar. O bien se hace una reforma desde dentro, que sería lo mejor, o bien habrá que plantear un proceso de caída y demolición como ha ocurrido a lo largo de la Historia. Pero eso no es ninguna tragedia porque la Historia está llena de este tipo de cambios.
"Los partidos hacen falta en las democracias, pero están empezando a perder legitimidad"

Afirman que la Constitución de 1978 es un fiasco.
 
Una Constitución necesita un consenso social, no un apaño entre partidos, que es lo que fue la Constitución de 1978. Los partidos políticos apañaron entre ellos la Carta Magna y pusieron las claúsulas más convenientes para ellos mismos, otorgándose a sí mismos unos poderes que al final utilizaron para colonizar todas las instituciones del Estado. 

Ustedes señalan a los partidos políticos como los máximos culpables de esta situación.

Los partidos hacen falta en las democracias, pero están empezando a perder legitimidad: están acostumbrados a una situación oligárquica que les favorece y en la que tienen privilegios. Pero lo que es realmente perjudicial es la falta de democracia interna de los mismos. A ver, ¿por qué existe esa disciplina tan fuerte en los partidos? Pues porque no hay elecciones primarias ni democracia interna, aunque también tiene mucho que ver la estructura electoral: el sistema de listas cerradas hace que el Parlamento no sirva absolutamente para nada. El Parlamento sencillamente es una pandilla de gente que aprieta el botón que le dicen que apriete. Algo, sin embargo, está cambiando: antes tenían el 80% de los votos y ahora las encuestas les dan un 50% y bajando. Pueden aparecer nuevas plataformas ciudadanas que empiecen a quitar votos a los dos grandes partidos. Y en ese caso PP y PSOE tendrán que adherirse a algún tipo de reforma profunda. 

¿Por qué cree que el régimen, como ustedes lo llaman, toca a su fin?

Porque solamente duran los regímenes políticos que son capaces de reformarse. En España cuando una cosa ha funcionado mal se ha hecho lo posible por empeorarla. Pongo un ejemplo: la falta de control en la separación de poderes. Los partidos políticos intentan cada vez más controlar las instituciones, el Tribunal Constitucional, los organismos reguladores, etcétera. Las reformas en este país siempre han ido en sentido contrario al que debían.


¿Los malos momentos que atraviesa la monarquía nos acercan más a ese final?

El régimen se basa en un mito y en una mentira: la ejemplaridad del rey no existe. Juan Carlos ha caído en el descrédito, pero el problema es que el régimen no ha justificado la monarquía; sólo ha justificado la figura de Juan Carlos. Este no es un régimen estrictamente monárquico, sino juancarlista. Por tanto, si la persona que encarna ese régimen se desprestigia, la monarquía también queda desprestigiada.  

"El actual régimen está basado en el reparto de la tarta y cuando la tarta se reduce, los grupos que se la reparten comienzan a enfrentarse entre ellos" 

¿Juan Carlos debería abdicar?

Es muy difícil que una abdicación en favor de su hijo Felipe tenga una aceptación generalizada. El padre estaba justificado de alguna manera desde el punto de vista ideológico porque es el hombre que trajo la democracia. Pero Felipe no ha traído nada.

¿Entonces son partidarios de un referéndum entre monarquía y república? 

Debería haber un consenso entre todo tipo de asociaciones y de movimientos sociales, ya sean de izquierdas o de derechas, para celebrar un referéndum. Nosotros no apostamos por una u otra, eso debe decidirlo el pueblo español.

¿La crisis económica ha acelerado este proceso de descomposición?

Sin duda. El actual régimen está basado en el reparto de la tarta y cuando la tarta se reduce, los grupos que se la reparten comienzan a enfrentarse entre ellos y surgen contradicciones que pueden acelerar el final. 

Ustedes también citan la corrupción como uno de los principales elementos que también degradan esta democracia que tenemos. 

La corrupción forma parte de un régimen que nosotros llamamos de acceso restringido. Los regímenes de acceso restringido se basan en acuerdos tácitos, unos apaños en suma, entre la oligarquía política y una oligarquía económica que con el intercambio de favores se reparten las rentas resultantes. La corrupción es una consecuencia del reparto de rentas entre las oligarquías de este país. portada libro catarsis

¿Un nuevo régimen acabaría con la corrupción?

La corrupción se ve favorecida por el exceso y la complejidad de la legislación. Por ejemplo, las Comunidades Autónomas han legislado unas 100.000 leyes, normas y regulaciones. Cuanta más complejidad hay en las leyes, más arbitrariedad y más discrecionalidad tiene el poder político para aplicarlas. Últimamente hay una discusión sobre por qué se legisla tan mal. Probablemente es a propósito, porque de esa manera el poder político puede hacer lo que quiera. En el nuevo régimen las leyes tendrían que ser claras, pocas y sencillas. 

Ya que hablamos de Comunidades Autónomas, ¿qué modelo de Estado proponen para el futuro?

Proponemos uno que sea racional, aunque eso deberían decidirlo los ciudadanos. Hasta ahora las competencias se han transferido con criterios puramente políticos y de apaños. La idea era: 'Yo transfiero esas competencias a cambio de que tú me des esos votos'. Y hay otro elemento no menos importante en ese proceso: los partidos se han dado cuenta de que cuanto más transfieran a las Autonomías más puestos había para repartir entre ellos. Pero con la descentralización se han transferido muchas competencias que a lo mejor se gestionaban mejor a nivel nacional. El sistema territorial debe ser racional y hay que analizar con mucha claridad qué servicios se prestan mejor a nivel nacional y qué servicios se prestan de forma más eficaz a nivel descentralizado o autonómico. El modelo de Estado debe tener unos criterios económicos y racionales y no sólo responder a unos apaños entre políticos. 

¿Los nacionalismos también tiene su parte de responsabilidad?

Una de las componendas de la Constitución se basó en la idea de que si los nacionalistas aceptaban la monarquía se les iba a dar manga ancha para actuar en sus territorios. La Constitución se planteó, y aún se plantea, como una forma de integrar a los nacionalistas, pero el sistema ha degenerado de tal manera que los nacionalistas no se han integrado, sino que ahora están pidiendo la independencia. Esa es otra de las señales de que el sistema ha fracasado completamente. 

¿Cómo se puede integrar a los nacionalismos? 

Los nacionalistas siempre van a existir. Ellos han planteado a la población de sus territorios unos objetivos emocionales, y las emociones cuentan mucho. Si nosotros, los que no somos nacionalistas, fuésemos capaces de plantear precisamente lo mismo, una ilusión en la gente, una nueva España política donde quepamos todos, mucha de esa gente podría abandonar ese sentimiento de tipo identitario, que en el fondo es totalitario. Un pulso sentimental sólo puede combatirse con otro.  

Vayamos con las soluciones. Ustedes proponen un cambio del sistema electoral.
 
Proponemos uno con distritos unipersonales. Los electores sabrían quién es su representante, que tendrá que rendir cuentas, presentarse con sus cualidades, con sus responsabilidades, con su pasado (si es una persona honrada, si está cualificada, etcétera) ante los que le votan. Y como el político tendría que responder ante sus votantes, la disciplina de los partidos se relajaría. Los partidos ya no serían monolíticos.

Perdone, ¿pero ese sistema no favorecería el tan denostado bipartidismo? 

Eso no es lo relevante. Lo importante es que el concepto de partido político cambiaría. Ya no podemos pensar en eso términos. Además, seguramente en muchos distritos ganarían otras formaciones políticas que no fueran PP y PSOE. Una de las ventajas el sistema uninominal es que las barreras para participar en política se reducirían bastante. El coste de presentar un candidato y de hacer una campaña en un distrito mucho más pequeño bajaría considerablemente.
"Solamente duran los regímenes políticos que son capaces de reformarse" 

Ustedes arremeten contra los partidos políticos, pero tampoco muestran mucha confianza en los movimientos sociales como el 15-M. 

El 15-M empezó con una serie de planteamientos y de consignas que iban en la dirección correcta. Decían: 'Hay que cambiar la representación, hay que cambiar el sistema'. Pero al final muchos movimientos sociales terminan cayendo en lo que llamamos el reparto de rentas. Esa reivindicación de 'Que no me recorten a mí o a mi colectivo' es posible que sea justa pero no lleva a ningún sitio. El 'Que no me recorten a mí, que recorten al otro' es lo que llamamos el reparto de rentas. Sin embargo, sí que están surgiendo otro tipo de asociaciones y plataformas que no se plantean ya un reparto de rentas: se están planteando una reforma del sistema. Nosotros creemos que puede haber un acuerdo de mínimos entre plataformas tanto de izquierdas, centro y derecha. El debate izquierda-derecha no es necesario, puede suspenderse mientras se aborda esa reforma de mínimos y recuperarlo cuando estemos en un sistema mucho más abierto.  

Hay un par de asuntos que ustedes no tocan en el libro y que en un nuevo proceso constituyente tendrían importancia: la memoria histórica y la Iglesia.

La catarsis necesita romper todos los tabúes y todos los mitos que han existido en la Historia de España. Hemos funcionado siempre con miedos, con tabúes. Necesitamos una apertura en la cual se pueda y deba decir todo. El olvido y el perdón no significa que las cosas no deban tratarse de una manera histórica y de una manera rigurosa, que es lo que nos ha faltado hasta ahora. En cuanto a la Iglesia, sólo le puedo dar mi opinión personal: creo que todas las asociaciones, ya sea un sindicato, un partido o la Iglesia deberían financiarse con aportaciones de sus fieles. 

Una democracia que se precie necesita la máxima transparencia. ¿Qué opina del proyecto de ley que prepara el Gobierno?
 
Yo creo que el proyecto de ley de transparencia se queda corto, pero es que los proyectos de ley siempre se quedan cortos: en España no hacen falta más leyes sino quitar leyes. No hace falta una ley que te diga que tienes que ser transparente. Todo en la vida pública tiene que ser transparente salvo algunas contadas excepciones y la ley debe establecer lo que no puede ser transparente. Se trata de acotar unas pequeñas parcelas a las que, por seguridad nacional, por ejemplo, el público no tenga acceso. Nosotros pagamos impuestos para saber cómo los gestionan. Sería deseable que con sólo entrar en internet el ciudadano tuviera acceso a casi todo.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Por qué tenemos que rescatar? los españoles? a Alemania?

Carmen Reinhart, catedrática de Finanzas de Harvard, lo acaba de enunciar en Sitges: la deuda externa privada española no se va a pagar porque no se puede pagar. Y Carmen Reinhart resulta que es la persona que más sabe en el mundo de essos asuntos. O habrá una quita o habrá una quiebra en cadena. Sea como fuere, nunca se pagará lo firmado en los contratos. Podemos seguir, pues, entreteniéndonos con acaloradas cuitas a proposito del déficit público, la austeridad, los estímulos a la demanda, la clausura de las diputaciones provinciales, el desmedido sueldo del alcalde de Betanzos, los galgos Keynesianos y los podencos neoliberales. Pero la verdadera cuestión seguirá siendo otra. A día de hoy, el sistema financiero español adeuda un billón de euros a una miríada de prestamistasextranjeros. Un billón de euros, el valor de toda la producción de bienes y servicios del país a los largo de un año. Solo a uno de esos acreedores foráneos, el Banco Central Europeo, tendría que devolverle 350.000 millones, el 35% del PIB. Por si a alguien se le antoja poco, añadanse los 200.000 millones que el Estado se ha comprometido a reembolsar a los tenedores, también extranjeros, de sus letras, bonos y pagarés. Y súmense además otros 400.000 millones en concepto de préstamos externos a familias y empresas. Un Himalaya a interés compuesto y vencimiento a plazo fijo.


Si la deuda pública no rondase ya el 100%, quizás algún cráneo privilegiado plantearía seguir apelando al socialismo de las pérdidas. Pero la deuda pública ya no puede crecer mucho más, está llegando al límite. Va a ser imposible, entonces, continuar endosando las ruinas particulares a los contribuyentes en nombre de la economía mercado. Llegados a ese punto, la lógica admite dos únicas salidas: o que comience el crecimiento de modo súbito por efecto de algún ignoto prodigio o no pagar. Cuando estalló la crisis, en 2007, seis de cada diez euros prestados por los bancos se habían empleado en adquirir algún trozo de suelo, la mayor parte de él sito en descampados remotos. Suelo cuyo valor actual se aproxima a nada. Aquel verano de 2007, recuérdese, se empezaron a construir 700.000 viviendas a lo largo del territorio nacional. Hoy, seis años después, la mayor parte de ellas aún parasitan los libros de contabilidad de la banca. ¿Cómo no iban a constituir los balances auditados del sistema financiero una ingeniosa saga de relatos de ciencia ficción? Por lo demás, continuar negándonos a reconocerlo no va a hacer que cambien las cosas. O quizás sí, pero a peor.


Y eso que España, gracias a la estricta regulación de Luis Ángel Rojo, evitó que también aquí surgiera una banca en la sombra. A su lúcida cautela preventiva debemos que no hayan quebrado todos los bancos, igual los grandes que los pequeños. Banca en la sombra, inversiones tóxicas sin control alguno del banco central, que sí floreció en Alemania. De ahí que, a pesar de haber enterrado Merkel el 10% de su PIB en reflotar bancos, veinte grandes entidades de crédito germanas, la mitad más o menos del sector, sigan cargando a estas horas con la calificación de bono basura para Moody’s. Algo que tal vez sirva para explicar lo inexplicable. Esto es, el desmedido afán altruista de Berlín, su afán por rescatar a España, y la numantina resistencia a dejarse socorrer por parte de los beneficiarios presuntos de sus desvelos. ¿Cómo entender esa insistencia suya para que Madrid no se contente con tomar prestados únicamente 40.000 millones con destino al saneamiento bancario? Pues por una razón bien simple: porque a quienes en puridad estamos rescatando los ciudadanos españoles es a los financieros alemanes que incurrieron en inversiones temerarias y pretenden que otros carguen con las consecuencias de su incompetencia. ¿Por qué un accionista español o un tenedor de participaciones preferentes (los depósitos están garantizados) deben sufrir quebrantos si una entidad quiebra, pero no así el banco alemán que compró sus cédulas hipotecarias? ¿Por qué Merkel solo cree en el libre mercado cuando los que salen perdiendo son otros? No nos rescatan: somos nosotros quienes los vamos a rescatar a ellos. Y pensar que aún hay quien no lo ha entendido.

Carmen Reinhart, la catedrática de Finanzas de Harvard, lo acaba de enunciar en Sitges: la deuda externa privada española no se va a pagar porque no se puede pagar. Y Carmen Reinhart resulta que es la persona que más sabe en el mundo de esos asuntos. O habrá una quita o habrá una quiebra en cadena. Sea como fuere, nunca se pagará lo firmado en los contratos. Podemos seguir, pues, entreteniéndonos con acaloradas cuitas a propósito del déficit público, la austeridad, los estímulos a la demanda, la clausura de las diputaciones provinciales, el desmedido sueldo del alcalde de Betanzos, los galgos keynesianos y los podencos neoliberales. Pero la verdadera cuestión seguirá siendo otra. A día de hoy, el sistema financiero español adeuda un billón de euros a una miríada de prestamistas extranjeros. Un billón de euros, el valor de toda la producción de bienes y servicios del país a lo largo de un año. Solo a uno de esos acreedores foráneos, el Banco Central Europeo, tendría que devolverle 350.000 millones, el 35% del PIB. Por si a alguien se le antojara poco, añádanse los 200.000 millones que el Estado se ha comprometido a reembolsar a los tenedores, también extranjeros, de sus letras, bonos y pagarés. Y súmense además otros 400.000 millones en concepto de préstamos externos a familias y empresas. Un Himalaya a interés compuesto y vencimiento a plazo fijo.


José García Domínguez

"Brujas haberlas ailas".