Los Despachos.

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sábado, 10 de agosto de 2013

Cojo, tuerto y manco contra los ingleses

El general Blas de Lezo impidió a la otra armada invencible tomar Cartagena de Indias. 

Fue el mayor asalto naval de la historia previo a Normandía.

    "Honor y Gloria"

El general Blas de Lezo, en un cuadro del Museo Naval. / oronoz
 "Honor y Gloria"

Consciente de lo que demandaba. Fuerza y un rayo de gloria por parte de Dios padre para su marido. Don Blas de Lezo, aquel obstinado vasco de Pasaia (Gipuzkoa) que no admitía en su vida más flaquezas que las debilidades que acarrean las obligaciones, debía defender Cartagena de Indias y, con ello, la entrada a saco de los ingleses en Sudamérica: una obsesión del imperio de su majestad desde los inicios de la guerra de la oreja de Jenkins, que comenzó en 1738.

Pintaban bastos. Las fuerzas andaban escandalosamente desequilibradas en proporciones de cuatro a uno. Si los ingleses contaban con 23.600 hombres a las órdenes del almirante Vernon, los españoles no pasaban de 6.000. Eso sin contar el poderío de fuego: 990 cañones frente a las 3.000 piezas de artillería británicas. Solo la fe podía salvarlos. O más bien el fanatismo.

Fe que no tenían ni los propios cartageneros en su militar, ni en su monarca, Felipe V. Por aquel marzo de 1741, con la hermosa y picantona ciudad sitiada, lo último que se le había ocurrido a aquel lunático nieto del rey Sol, que se cagaba en la cama, deliraba la mayor parte del día y la noche y había contratado al castrato Farinelli para que le cantara nanas, fue enviarles como protector a un orgulloso marinero que para colmo se había presentado en el puesto cojo, manco y tuerto.


Mediohombre, le llamaban por la calle cuando sentían el toc-toc de su pata de palo. ¿Qué podía hacer aquel engendro contra la nueva armada invencible comandada por Vernon y apoyada por un tal Lawrence Washington, hermano de George Washington, futuro libertador del continente por la parte de arriba? ‘Mediohombre’, le decían por la calle al sentir el toc-toc de su pata de palo.

Como mucho, plantarles cara, cosa que ya había ocurrido entre ambos militares en Gibraltar, ese todavía hoy nido de piratas posmodernos del que echan mano las autoridades españolas cuando la cosa se pone cruda. Lo malo es que, como señala el historiador colombiano Pablo Victoria en su libro El día que España derrotó a Inglaterra (Áltera), en aquella ocasión, Vernon salió con 200 guineas en el bolsillo, y Lezo, con una pierna menos.

Tan solo contaba 15 años y una madura adolescencia de salitre y batallas cuando tuvieron que amputarle a palo seco, sin más anestesia que unos tragos de whisky y el desmayo que le produjo su propio dolor al sentir el serrucho primero y al notar después cómo le hundían el muñón en aceite hirviendo para cortar la hemorragia.

Años después, Vernon y Lezo volvieron a enfrentarse. Su mutua persecución se fue fraguando como una leyenda en los mares. Con el tiempo, el vasco fue ascendiendo en el escalafón y disminuyendo sus facultades físicas. Más o menos dos años después de Gibraltar, perdió un ojo en Tolón cuando una esquirla de piedra se le coló entre la vista al defender un fuerte amurallado.
Cuando contaba 25 años y era capitán de navío, se encontraba en el Mediterráneo. Debía abastecer a las naves que merodeaban Barcelona en la guerra de sucesión y participó en los bombardeos sobre la ciudad a bordo del Campanella cuando una bala de mosquete le atravesó el antebrazo derecho.

De esa guisa ni se le pasó por la imaginación abandonar la marina y fue a parar a Lima, donde se casó con Josefa Pacheco. Ya era una especie de santón entre los corsarios cuando dio con sus huesos en Cartagena de Indias. Por su parte, Vernon también había hecho carrera y se mostraba dispuesto a jugar en la gran liga de leyendas marinas británicas.


Más o menos dos años después de Gibraltar, perdió un ojo en Tolón

Al español le asistía la orgullosa humildad de saberse inferior y, por tanto, verse obligado a echar mano de su inteligencia para compensar sus carencias. El inglés era un fantasma obnubilado además por el poderío de su flota, cuya grandeza acabó convirtiéndose en debilidad, como indica el experto en Lezo José Vicente Pascual.

La historia les enfrentó en 1741. Los ingleses habían decidido el asalto final. Lezo los esperaba, como el capitán Acab aguardaba en aquella gran metáfora de todos los fantasmas a Moby Dick. 

Querían estrangular la línea entre el norte y el sur y cortar el tráfico de riquezas hacia España por Panamá. Nadie creyó en su estrategia. Pero el viejo marino supo aprovechar las pocas ventajas que tenía al máximo. Vernon, en cambio, estaba dispuesto a ahogarse en su propia arrogancia.

“Enviaron la mayor fuerza naval conocida hasta entonces en la historia de la humanidad”, comenta Pascual. Algo no repetido después hasta el desembarco de Normandía. Los bombardeos fueron los más violentos e intensos vividos en el continente americano hasta esa fecha. Lo que hizo a Vernon cometer el error de creer tan a priori en su victoria que hasta mandó noticias de la misma antes de que se produjera.

No esperaba el inglés que Lezo pudiera sacar tanto partido a la hora de acorralarlos por las estrechas entradas a la bahía de Bocachica y Bocagrande. Habilidad y fanatismo fueron cruciales. Los efectivos británicos alucinaban cuando les contemplaban rezar. Los ruegos surtieron su efecto, al parecer. Las deficiencias de abastecimiento, el calor, las enfermedades, la peste, fueron mermando las fuerzas inglesas hasta igualar números. Eso y la sangrienta batalla en tierra firme, que acabó con 2.000 bajas del enemigo y otros tantos huyendo despavoridamente. Las deserciones en masa de algunos que quisieron abrazar la fe para que se les diera bien de comer en los hospitales dio también, entre otras cosas, una victoria de la que a Lezo no le gustaba alardear. 

“Hemos quedado libres de estos inconvenientes”, se limitó a informar a sus superiores.
Lo que menos sospechó es que el enemigo lo tenía dentro. Sus desavenencias con el virrey de Nueva Granada, Sebastián Eslava, que le negó varias peticiones y le puso en entredicho, labraron su caída en desgracia en la corte. No tuvo tiempo de sufrirla mucho, porque la misma peste que había hecho mella en el enemigo se lo llevó por delante el 7 de septiembre de 1741.

Vernon, en cambio, regresó a Inglaterra y vivió un discreto declive. Discreto porque no era cuestión de cobrarle en público un descalabro que hubiese servido de desmoralización general. Así que fue enterrado en Westminster.  Lezo murió en el olvido, sin cobrar las pagas atrasadas y dejando casi a la intemperie a su familia.

Dos ejemplos más de cómo cada país ha tratado a sus héroes. Los españoles los entierran como a villanos. Los ingleses disimulan con eufemismos hasta las catástrofes. En la lápida de Vernon se lee: “Sometió a Chagres y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria”. Es decir, hasta su propia derrota. Si no es eso un genial eufemismo…

PD: "Que buen vasallo su tuviese buenos señores" no sucedió nunca en este país llamado España. Los intereses personales perversos lo pierden todo. 

Con dirigentes tan malos, nefastos, negaos, perversos, torticeros, como los que tenemos ahora;  con este pueblo nada en la historia de este nuestro país habría sucedido.

viernes, 9 de agosto de 2013

Hacer frente a tanto engaño



Juan Torres López

Hace unas tres semanas, escribí un artículo demostrando que el ministro alemán de economía, Wolfgang Schäuble, mentía al utilizar a su antojo los argumentos para poder vender las propuestas políticas que le convienen (Las mentiras del ministro alemán). Mentía al afirmar que el alto nivel  de paro juvenil que había en España se debe a la falta de flexibilidad de nuestro mercado laboral. Mostré en el artículo que esa es una idea que contradice las evidencias empíricas y científicas de las que disponemos, que es un tópico fácilmente desmontable pero que se repite constantemente para justificar las medidas de flexibilización que, en realidad, no son sino simples recortes en los derechos laborales para que los propietarios del capital puedan obtener beneficios más elevados cómoda y fácilmente.

Ahora, es el vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn, quien se descuelga con nuevas mentiras apoyando la propuesta del FMI de recorte salarial en España. Una opinión que enseguida ha sido apoyada por otros miembros de la Comisión Europea.
Ya demostré también en este mismo diario que se trata igualmente de una propuesta basada en falsedades parecidas y no voy a repetir ahora los argumentos en su contra (pueden verse en Las mentiras de siempre del FMI).

Pero no podemos permanecer callados cada vez que todos estos personajes mienten. Hay que darles respuesta contundente cada vez que lo hacen.

Es completamente imposible de creer que el comisario finlandés y máximo responsable de economía de la Comisión Europea no sepa que en España vienen cayendo los salarios desde hace años en una magnitud nunca registrada en un país desarrollado. No es posible ni siquiera imaginar que desconozca que la evolución de la masa salarial en España no deja de disminuir, hasta el punto de habernos convertido en el país donde más crece la desigualdad e incluso en el más desigual de la eurozona, o que seamos la única economía de la OCDE en donde los salarios reales han bajado en los últimos veinte años. No es posible que el comisario y vicepresidente económico pida ahora que se recorten los salarios un 10% como si ese recorte, o incluso en mayor medida en algunos sectores, no se hubiera producido ya sin haber tenido otro efecto que más depresión aún de la demanda y de la actividad económica y, por tanto, el aumento del desempleo.

Y como es totalmente imposible que no sepan estas cosas, es por lo que no queda más remedio que deducir que si hacen estas propuestas no es solo por error o ignorancia, y ni siquiera por ceguera ideológica. Las imponen sobre todo porque son siervos de quienes se benefician de ellas.
Y estas declaraciones basadas bien en la ignorancia, en la mentira o en la servidumbre ya indisimulada de los dirigentes europeos demuestran que la Unión Europea, y particularmente la unión monetaria de la que formamos parte, son proyectos prostituidos (si es que cabe pensar que alguna vez fueron sinceramente concebidos para promover un mayor bienestar y el desarrollo de los pueblos europeos). La Europa que nos quieren imponer es ya el problema y no parte de la solución.

En el marco de esta Europa de la miseria, de los salarios de ruina, de los servicios de baja calidad y de la falta de democracia, España está condenada a la pobreza y a la sumisión y no tenemos por qué aceptar eso. Como hemos demostrado muchos economistas de izquierdas (aunque también otros de derechas o más conservadores) en diversos libros y trabajos, hay otras alternativas al empobrecimiento continuado.

Por eso debemos reclamar un debate abierto sobre las condiciones que nos quieren imponer. La ciudadanía tiene derecho a saber lo que hay detrás de un euro mal diseñado, de una Europa que no quiere desarrollar las instituciones democráticas y que, por el contrario, deja que nos gobiernen los grupos de poder financiero que no se presentan nunca a las elecciones. La gente tiene derecho a saber que le están mintiendo cuando nos dicen que lo que hay que hacer es bajar salarios y recortar derechos sociales, las razones de por qué lo hacen y, sobre todo, que hay otras soluciones, que hay caminos alternativos.

Para ello hay que exigir a los medios de comunicación que se hable de todo ello con independencia y pluralidad. Pero como esto no lo van a hacer por su propia cuenta, puesto que la inmensa mayoría está dominado por esos mismos grupos de poder, es fundamental que la ciudadanía los fuerce a cambiar su agenda y su discurso.

Es imprescindible que miles y miles de personas les reclamen pluralidad y debates libres e independientes por medio de llamadas, de cartas, de tuits, de mensajes de cualquier tipo o de boicots y sabotajes lúdicos, pacíficos y democráticos.

La experiencia nos indica que cuando se han producido ese tipo de movilizaciones frente a los medios de comunicación, la mayoría de las veces incluso de modo espontáneo, han tenido efectos positivos inmediatos porque todos ellos viven de sus lectores o audiencias.

Por eso hago una llamada para que todas las personas que no quieren seguir viviendo como vivimos se conviertan en sujetos activos del cambio, para que no se dejen llevar ni vencer por la pasividad y la frustración y para que cada una de ellas ponga los granos de arena que tenga a su alcance, que serán extraordinariamente útiles, para lograr que se modifique el discurso que nos domina y para que puedan difundirse también las ideas alternativas: ¡ni un medio sin discursos plural, ni una tertulia sin equilibrio de puntos de vista, ni un programa de radio o televisión sin presencia de economistas o analistas con ideas contrarias a las neoliberales que nos dominan!
No es una pretensión imposible. Todo lo contrario. Lo podemos conseguir haciendo uso del enorme poder que se encierra en cada uno de nosotros: enviando miles de comunicaciones de todo tipo contradiciendo lo que allí se afirme, reclamando pluralidad cuando no la haya y la presencia de opiniones distintas a las habituales, se les obligará a cambiar de discurso, y el boicot a quienes no rectifiquen y sigan mostrando sin alternativa las mentiras que solo benefician a los de arriba les hará perder publicidad e influencia. No tendrán más remedio que reflejar las demandas de la gente. Pero serán ajenas a éstas si no las expresamos claramente y si no las hacemos valer con decisión.

Tenemos el poder: usémoslo.  Y si no lo usamos, no nos quejemos luego.


Juan Torres López es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Ha escrito alrededor de 15 libros, algunos de referencia, como el manual Economía Política o Análisis Económico del derecho: Panorama doctrinal, entre otros. Sobre la crisis económica ha escrito varias obras de gran divulgación, entre las que destacan Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera, con Lina Gálvez, La crisis de las hipotecas basura, ¿por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, con Alberto Garzón, Contra la crisis, otra economía, otro modo de vida o Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, con Vicenç Navarro y Alberto Garzón, que ha alcanzado la décima edición. Con estos mismos autores acaba de publicar Lo que España necesita.Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP; y con Vicenç Navarro Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero.



martes, 6 de agosto de 2013

Nuestros muertos no merecían ser fusilados, señor alcalde del PP de Baralla.

El alcalde del PP del municipio gallego de Baralla - Lugo en Galicia, Manuel González Capón, ha manifestado sin cortarse un pelo y sin ningún tipo de vergüenza, según fuentes de la oposición socialista, “que las personas condenadas a muerte durante el franquismo se lo merecían”.



Estas horrendas declaraciones no pueden venir de otro lugar que de la boca podrida de un miembro del partido de Luís Bárcenas, “El bigotes” y otros ladrones, que junto a fascistas que firmaron sentencias de muerte siendo ministros como Manuel Fraga Iribarne, conforman esta fuerza política, fundada al amparo de una criminal dictadura que asesinó a casi medio millón de personas, que dejó en la cuneta a cientos de miles de desaparecidos/as, que torturó salvajemente a su pueblo, que robó y vendió bebés de niños y niñas sacados de sus cunitas por monjas, curas y médicos nazi-falangistas, que desde la putrefacción de la Iglesia Católica, cometieron las acciones más horrendas de la historia de España.

Como sobrino de un fusilado no tengo más que mostrar mi total indignación ante estas vergonzosas afirmaciones, de un tipo que se paga sus juergas con dinero de los contribuyentes, que al mejor estilo de otros bocanegras de su partido escupe mierda contra las personas que dieron su vida defendiendo la democracia y la libertad, contra el sufrimiento de nuestras humilladas y vejadas familias, contra miles de luchadores/as que sufrieron en sus carnes brutales torturas y violaciones, por parte de una chusma con gorros de requetés, tricornios, falangistas y psicópatas militares traidores, que cometieron un genocidio, unos crímenes de lesa humanidad que jamás prescribirán, que un día serán juzgados por la justicia universal de los pueblos.

Ya resulta habitual que miembros del PP lancen exabruptos contra las víctimas del franquismo, lo hacen como si se sintieran con la razón absoluta, mientras otros de sus compinches van a la cárcel por corrupción o son abucheados por la ciudadanía en cualquier acto público que realicen. Ese estilo mafioso viene heredado de 40 años de dictadura, de inmensas fortunas amasadas y manchadas de la sangre de la buena gente asesinada.

En nuestra familia conocemos muy bien este tipo de sinvergüenzas, son los mismos que nos han negado que recuperemos los huesos de nuestros muertos tirados como perros en una fosa común, los mismos facciosos que viven del dinero de todos disfrazados de demócratas, que se hacen millonarios hablando de libertades, justicia, no violencia y otras mamonadas infectas, que cuando salen de sus sucias bocas se convierten en residuos fecales, insultando la dignidad y el dolor de las víctimas de la dictadura del enano y criminal dictador Francisco Franco.

Las declaraciones del alcalde González definen a la perfección al Partido Popular, a todos sus dirigentes y afiliados, que si no condenan de forma inmediata estas asquerosas afirmaciones es que piensan igual, que son fascistas y respaldan letra por letra lo que ha dicho este presunto cacho de carne con ojos.


"En mi caso personal nieto"

domingo, 28 de julio de 2013

Paul Preston y Santiago Carrillo

Santiago Carrillo no fue el demonio que Preston describe. Preston le acusa incluso de servilismo ante el poder, y de ser un oportunista en extremo carente de principios. No estoy de acuerdo con ello, al menos en la parte que yo vi y viví.
 
| 26 Julio 2013
 
 
Por fin he leído el libro de Paul Preston sobre Santiago Carrillo. Antes de escribir mi opinión sobre el libro siento la necesidad de explicar mi relación con cada uno de ellos. No conozco personalmente a Paul Preston. Conozco su obra, que he utilizado en ocasiones en mi docencia. Sí que conocí a Santiago Carrillo.

Comencemos por Paul Preston. Él es, sin lugar a dudas, el hispanista británico que ha escrito con mayor detalle lo ocurrido en España durante la mal llamada Guerra Civil. Su condición de historiador extranjero le dio acceso a fuentes de información vetadas a historiadores españoles. Y esta condición de extranjero le dio también una libertad y seguridad que no tuvieron, y continúan no teniendo, los historiadores españoles. Todo lo que digo no desmerece el gran valor de su trabajo. Pero es importante subrayar y explicar porqué los historiadores que han estudiado con mayor detalle aquel conflicto civil han sido predominantemente extranjeros. Todavía hoy, jóvenes historiadores en España tienen que ir con cuidado con lo que analizan y cómo lo hacen, temerosos de su futuro profesional. No olvidemos que todavía hoy, en España, se ha llevado a los tribunales a un periodista por describir al partido fascista, la Falange, como co-responsable del genocidio contra el pueblo español.

Dicho lo dicho, quiero pues subrayar que las fuerzas democráticas les deben a estos historiadores extranjeros, y muy en especial, a Paul Preston, un voto de gracias. Habiendo aclarado esto, creo que es justo también añadir algunos comentarios sobre el trabajo de Paul Preston, con la esperanza de que los historiadores españoles rellenen algunas páginas vacías de aquella historia contada y hábilmente narrada por Preston. En realidad, la historiografía de Preston es bastante tradicional, fijándose en los grandes personajes y en los grandes eventos. Se me dirá que ello es común en la historiografía actual. Pero que ello sea común no quiere decir que sea suficiente. La mejor historia que he leído de la intervención militar estadounidense en la II Guerra Mundial ha sido la descrita por el escritor estadounidense Studs Terkel, que narra la historia de aquel conflicto desde el punto de vista de los soldados que la realizaron y de la gente normal y corriente que la sufrió. Son precisamente estos desconocidos los que hacen la historia. En este aspecto, he aprendido más de lo que fue la mal llamada Guerra Civil (y la dictadura que la siguió) de la experiencia contada por mis padres y familiares de aquella contienda (todos ellos vencidos en aquella guerra y represaliados por la dictadura) que de los libros de historia. Sería de desear que a la historia formal, enormemente valiosa, de los personajes se le añadiera la historia de la gente llana que la hace. Y de ahí la importancia de que sean españoles, basados en la historia real, de las distintas naciones y pueblos que contiene España, los que escriban también esta otra historia. Hacerlo añadiría el enorme valor de estudiar a los agentes y su contexto, que es lo que le falta a Preston en su análisis de Carrillo.

Lo cual me lleva a la segunda observación sobre Preston: su limitada sensibilidad en la biografía hacia este contexto, lo cual explica lo que puede definirse como su oportunismo. Preston escribió recientemente un libro (Juan Carlos, el Rey de un Pueblo) sobre el Monarca en el que idealizó la figura del Rey, presentando una de las biografías más positivas que se han escrito sobre este personaje. Es sorprendente que el mismo autor del libro El Holocausto Español sea tan positivo hacia el sucesor y defensor del responsable de dicho holocausto. Es más, el libro tiene no solo datos erróneos, sino también silencios significativos.

Pero meses más tarde Paul Preston escribió un libro sobre Carrillo que es, desde la primera a la última página, la demonización de esta figura comunista, presentándolo como enormemente ambicioso y capaz de traicionar a todos sus amigos a fin de alcanzar el puesto de máximo poder. Y el libro es la mera narrativa de “traiciones” a sus amigos y compañeros del Partido Comunista. El contraste entre la biografía del Rey y la de Carrillo no puede ser más acentuado. Queda claro en el libro sobre Carrillo que el autor lo detesta, estereotipando la figura de un dirigente comunista que, típicamente, no se detendrá ante nada para conseguir su poder personal.

Para las generaciones que perdieron la Guerra y para las que sufrimos la represión y la transición nos cuesta aceptar esta doble imagen que presenta Preston sobre el Rey y sobre Santiago Carrillo. Parece obvio que el Rey fue enormemente ambicioso, que traicionó a sus amigos y parientes, todo con el objetivo de mantener su poder, habiendo dirigido una transición claramente inmodélica que nos llevó a una democracia muy incompleta, con escasísima conciencia social, con una resistencia al reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado español, y a un enorme subdesarrollo social, cultural y político. Por mera objetividad, Preston debería haber sido mucho más crítico con la figura del Rey. Y lo mismo en cuanto a Carrillo, aunque al revés. Carrillo tuvo sombras, pero también luces que no aparecen en este libro.

La demonización de Santiago Carrillo

Conocí a Santiago Carrillo a través de Manolo Azcárate, la persona encargada dentro del PCE de relaciones internacionales, con el cual colaboré, entre otros eventos, en preparar la visita de Carrillo a EEUU, la primera visita que un dirigente eurocomunista hizo a Washington. Manolo Azcárate fue una de las personas que conocí en la resistencia antifranquista que me impresionó más, por su integridad, compromiso, percepción de lo que necesitaba España, honestidad y coraje. Y fue Manolo quien me pidió que les ayudara a organizar la visita de Santiago Carrillo a EEUU, lo cual hice. Estando en EEUU ayudé tanto al Partido Comunista como al Socialista, durante y después de la clandestinidad. Fue a partir de entonces, del encargo de Manolo, que conocí a Santiago Carrillo, con el cual establecí una relación de amistad que quedó deteriorada cuando critiqué la transición (escrita por primera vez en Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país), mostrando que distó mucho de ser modélica, lo cual desagradó profundamente a Santiago Carrillo y a sus colaboradores.

Santiago Carrillo no fue el demonio que Preston describe. Preston le acusa incluso de servilismo ante el poder, y de ser un oportunista en extremo carente de principios. No estoy de acuerdo con ello, al menos en la parte que yo vi y viví. Estuve presente en la entrevista que tuvo con la dirección del Departamento de Estado de EEUU, actuando, a petición de Carrillo, como su traductor. Y puedo dar fe que, frente al Departamento de EEUU, fue igual de crítico con la política del gobierno federal que con la de la Unión Soviética, sabiendo de antemano que los funcionarios del gobierno federal no esperaban ni deseaban una crítica de él.
Estos y otros hechos que algún día explicaré no encajan con la visión que transmite Preston. Carrillo tenía defectos, y graves, siendo su falta de cultura democrática uno de ellos. Pero, a pesar de mis desacuerdos, Carrillo hizo lo que creía mejor para la clase trabajadora española, anteponiendo ello a todo lo demás. Se puede criticar su estrategia en la transición: yo lo he hecho. Pero él y el partido que lideró han hecho mucho, mucho más por la democracia que el Rey de España, al revés de lo que Preston, en un rechazable oportunismo, declaró.

Ver las luchas internas dentro de la dirección del Partido Comunista como mera lucha por el poder personal, sin analizar el contexto, es profundamente erróneo. Yo simpatice con la postura de Manuel Azcárate en la disputa que llevó a su rotura. Pero no puede interpretarse aquella lucha como una lucha para conseguir más poder o para aferrarse al sillón. Y un tanto igual en su lucha con Jorge Semprun. En realidad, la enorme decepción de Semprun como Ministro de Cultura (es extraordinaria la falta de sensibilidad de Semprun como Ministro hacia la necesidad de recuperar la memoria histórica –por muchos libros que hubiera escrito antes-) era previsible y explicaría en parte los encontronazos que tuvieron Carrillo y él.

Pero la historia de Carrillo no puede ser la lista de “traiciones”. La historia de Carrillo es, repito, con sus luces y sombras, la historia del Partido Comunista, que es mucho más interesante que la historia que ha preparado Preston. Es más, los actos personales de Carrillo deben entenderse dentro del contexto que lo configuró. Y en este contexto hubiera sido más interesante analizar la relación de Carrillo con los militantes del Partido Comunista, que como ha ocurrido en la mayoría de los países bajo dictaduras fascistas o fascistoides, han sido siempre los individuos con mayor dedicación y compromiso en la lucha contra tales dictaduras. Esta dedicación, heroica en la gran mayoría de casos, les hace también vulnerables a su posible manipulación. Y aunque hubo mucho de ello, también es cierto que para muchos militantes de PCE Carrillo fue el que articuló bien su lucha y sus compromisos. De todo esto, que es lo que hubiera hecho su biografía interesante, Preston no dice nada. ¡Qué lástima!

¡Hay que leer todo y de todos!

domingo, 21 de julio de 2013

'The Economist' dice que Rajoy es "responsable político de los sucios secretos del PP"



La revista británica The Economist asegura en un artículo publicado en su último número que el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, es "responsable político" de los "sucios secretos" de su partido, en referencia a la supuesta financiación irregular del PP.

"Como presidente del PP desde 2004, el primer ministro es políticamente responsable de cinco años de presunta financiación ilegal", señala la revista en el citado artículo, en el que añade que "la negativa de Rajoy a asumir responsabilidades por los sucios secretos de su partido no contribuye en nada a recuperar la confianza de sus votantes".

Asimismo, la publicación se hace eco del intercambio de mensajes telefónicos entre Rajoy y el extesorero del PP Luis Bárcenas, y apunta que cada vez es más "evidente" que Rajoy dirige un partido en el que la financiación irregular era algo "corriente".

"¿Quién cree a Bárcenas o a Rajoy?", se pregunta el diario en el texto, en el que añade que los españoles "están hartos de todos sus políticos" y recuerda que, además del caso Bárcenas que afecta al PP, CiU y el PSOE también tiene sus propios "escándalos de corrupción". La revista, que titula su artículo Rajoy there! jugando expresión inglesa Ahoy there! -utilizada entre marineros para llamar la atención de otros barcos-, también señala que la decisión de Bárcenas "de empezar a cantar" está poniendo a prueba "la capacidad de aguante de Rajoy".

 Para estas lineas no hace falta ser foráneo o guiri, lo evidente es el planteamiento que la prensa en España esconde y pretende ignorar.


Entrevista con Enrique Santiago, abogado de acusación particular en el caso Bárcenas


http://youtu.be/eKhoLv2ryu8 


viernes, 19 de julio de 2013

Franquismo o fascismo

La dictadura que el golpe militar de 1936 estableció en España, que la gobernó desde 1939 hasta 1978, se define fuera de España como una dictadura fascista. Cuando el Sr. Juan Antonio Samaranch, delegado de deportes durante aquella dictadura, y más tarde Presidente del Comité Olímpico, visitó Atlanta en EEUU para inaugurar los Juegos Olímpicos que tomaron lugar en aquella ciudad, la nota biográfica que el The New York Times publicó de él lo presentó como Director General de Deportes del régimen fascista liderado por el General Franco. Y así en Gran Bretaña y Suecia (entre otros muchos países) donde también viví y trabajé por largos periodos de mi vida. Solo en España se conoce aquel régimen como la dictadura franquista, término ampliamente utilizado no solo por las derechas sino incluso también (sorprendentemente) por las izquierdas. La causa de definir aquel régimen de esta manera se debe a un proyecto conservador altamente exitoso que tenía por objeto presentarlo como un régimen caudillista, autoritario, liderado por un general, que limitaba la expresión de libertades sin intentar, sin embargo, cambiar la sociedad e imponer una ideología totalizante a la población. Los que intentaban hacer esto último eran los regímenes totalitarios, tales como los regímenes comunistas. Estos eran no solo autoritarios sino también totalitarios pues promovían el comunismo, que es una ideología totalizante que quería establecer una nueva cultura, ideología y manera de pensar diferente y opuesta a la de un sistema democrático, laico y republicano.

Esta distinción entre regímenes autoritarios y totalitarios la había establecido el politólogo español Juan Linz, profesor de Yale, EEUU, y había sido adoptada por el Departamento de Estado de aquel país para justificar su apoyo a gran número de regímenes caudillistas latinoamericanos, indicando que no eran totalitarios y que, por lo tanto, tenían el potencial transformador en regímenes democráticos, cosa que no ocurría con los regímenes totalitarios tales como los regímenes comunistas, que no eran reformables y, por lo tanto, eran dignos de todo tipo de oposición.
Y el mismo Sr. Linz (español procedente de una familia militante de la Falange, el partido fascista español) negaba que el régimen español fuera totalitario y todavía menos fascista. Según él, el régimen liderado por el general Franco era autoritario pero con el tiempo fue cambiando, dando origen a un régimen democrático. Según este autor, aquel régimen liderado por el General Franco tuvo muy poco de fascista, pues la Falange (el partido fascista) fue una fuerza política con poco peso sobre el aparato del estado. Debido a la enorme influencia del Sr. Linz en las ciencias políticas españolas, esta visión fue ampliamente aceptada no solo por la comunidad académica sino por la cultura mediática y política dominante, de manera que incluso las izquierdas la aceptaron. Pocos líderes de izquierda se refieren a aquel régimen como fascista. A lo único a lo que se llega es a aceptar que puede que el régimen fuera fascista al principio, pero luego, con la llegada de los tecnócratas del Opus Dei a la gobernanza del país, el régimen cambió.
¿Qué es fascismo?
Veamos ahora los datos. El profesor Malefakis, Catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, y uno de los mayores expertos sobre el fascismo europeo, ha definido las características del fascismo (según él, ocho) de manera tal que si un régimen político las tiene entonces es –según él- un régimen fascista. Veamos cuáles son y si el régimen que existió en España tuvo cada una de ellas, señalando la evidencia que lo avala.
Conforme al Profesor Malekafis, un régimen era fascista si:
1. estaba dirigido por un hombre presentado por el régimen como superhumano. Evidencia: el régimen dictatorial español presentaba a Franco como “Caudillo por la Gracia de Dios”. Yo no soy creyente, pero entiendo que es difícil alcanzar un nivel superior para un ser humano que el ser nombrado a dedo por Dios, dotándolo de características superhumanas. El hecho de que Franco fuera, en realidad, un personaje de gran mediocridad es irrelevante. El régimen lo presentó como superhumano;
2. este caudillo superhumano utilizó a un partido, creado antes del régimen, que le ayudó a tomar el poder y establecer su liderazgo en los distintos aparatos del Estado. Evidencia: dicho partido se llamó la Falange, partido creado e inspirado por el Partido Fascista Italiano, tal como reconoció su propio fundador, José Antonio Primo de Rivera;
3. este partido tiene que tener una ideología nacionalista extrema, con deseos imperialistas, con un canto a la fuerza militar y a la fuerza y masculinidad en general. Evidencia: esta fue la ideología que transmitía el régimen a través del partido;
4. tiene que tener pleno control de todas las instituciones mediáticas creadoras de opinión con fines propagandísticos, desde la radio, la prensa, las escuelas, las universidades. Evidencia: el dictador nombraba a dedo a todos los directores de todos los canales radiofónicos o de televisión, diarios y cualquier institución transmisora de información y persuasión;
5. este control tiene que tener como objetivo el de transmitir la ideología del régimen con el fin de crear una nueva mentalidad y un nuevo tipo de sociedad. Evidencia: esa ideología era un nacionalismo españolista extremo y un catolicismo profundamente reaccionario. Tanto el nacionalismo como el catolicismo son ideologías totalizantes que invaden todas las esferas del ser humano, desde la lengua hasta el sexo. En realidad, es difícil encontrar una ideología menos totalizante que el nacionalcatolicismo, que fue la ideología propia e impuesta por el régimen en todos sus medios de información. Desde la lengua que la población debía hablar hasta como realizar el sexo (dos esferas de máxima intimidad) estaban normatizados en aquel régimen, con sanciones (torturas, cárcel, asesinato y/o exilio) en caso de no cumplimiento;
6. el régimen debe intentar romper con un orden anterior para crear uno nuevo. Evidencia: el régimen dictatorial intentó no solo romper sino eliminar cualquier institución republicana, a la cual consideró como anti-española. Su objetivo era crear una sociedad opuesta a la sociedad democrática, laica y republicana, a la que intentó erradicar;
7. el régimen debe presentarse como creador de una sociedad nueva. Evidencia: el objetivo explícito de aquel régimen fue alcanzar este objetivo de desarrollar una sociedad nueva, opuesta a la anterior republicana, con un imperialismo extremo, regida por una cultura religiosa liderada por la jerarquía católica profundamente reaccionaria, subordinando todas las instituciones económicas, sociales y políticas a este objetivo;
8. el régimen debe basarse en tener una alianza con grupos de poder económico y otros, subordinados al estado, que sirvan al poder totalizante. Evidencia: en España, todos los poderes y grupos fácticos, desde la Iglesia y el ejército hasta las grandes empresas y bancos y los grandes terratenientes, apoyaron al régimen, beneficiándose enormemente por ello;
Estas son, pues, las ocho categorías que Malefakis considera necesarias y suficientes para que un régimen fuera definido como fascista. Ahora bien, yo creo que estas categorías son incluso insuficientes (para expandir en este punto ver mi libro El subdesarrollo social de España, 2006, pp. 127-145). Hay que añadir tres que se encontraron en el nazismo alemán y en el fascismo italiano:
9. el régimen debe ser racista. Evidencia: el régimen dictatorial español justificó la conquista de América Latina y el imperio que se estableció en una supuesta superioridad de la raza española. De ahí que el Día Nacional (día que celebraba el imperio) se conocía como el día de la raza;
10. el régimen debe negar que el mundo empresarial y el mundo del trabajo tengan intereses contrapuestos. Evidencia: el régimen dictatorial negó la existencia de la lucha de clases, de donde deriva el establecimiento de los sindicatos verticales, en los que se incluía al empresariado y a los trabajadores;
11. el régimen debe ser profundamente anticomunista. Evidencia: el régimen se caracterizaba por su anticomunismo.
Argumentos en contra de la definición de aquel régimen como fascista: sí que lo fue pero solo al principio
Presentados con la evidencia de que el régimen dictatorial reunía estas once características, han aparecido toda una serie de contraargumentos (a los que contesto en el libro citado anteriormente) entre los cuales el que se repite más frecuentemente es que, aun admitiendo que el régimen pudo reunir estas características al principio, dejó de tenerlas pronto. La Falange, por ejemplo, excepto en la primera etapa de gran represión, fue perdiendo poder, cambiando la naturaleza del estado, dominado en su última etapa por los tecnócratas del Opus Dei. Este argumento ignora varios hechos. Uno, la complicidad del Opus Dei con la Falange y su reproducción del nacionalcatolicismo. Es más, la simbología fascista y su parafernalia continuaron hasta el último día de la dictadura. En la entrada de cada pueblo de España aparecía el símbolo fascista, junto con el nombre del pueblo. Y ello hasta 1978. También hasta esta fecha se requería juramento de lealtad al Movimiento Nacional (que tenía desde el uniforme hasta el saludo, el fascista) a todos los funcionarios públicos. Y así una larga lista de hechos.
El hecho de que en las últimas etapas la nomenclatura que controlaba el estado no fuera o no creyera en el fascismo es irrelevante. Tampoco la nomenclatura que controlaba el aparato burocrático en la URSS creía en el comunismo y en cambio se le llamó hasta el último día régimen comunista. En ambos casos, la nomenclatura eran personalidades que no se adherían a ninguna ideología, defendiendo solo y exclusivamente sus intereses personales (desde el Rey hasta Suárez, jefe del Movimiento Nacional). Pero ello no previene que se debiera definir a aquel Estado como fascista, pues todos sus símbolos así lo fueron.
Otro argumento que se ha utilizado en contra de definir aquel régimen como un régimen fascista fue la existencia de otros grupos y fuerzas políticas que competían con la Falange en su influencia sobre el Estado. En realidad, varios autores han considerado la Falange como un partido con escasa influencia. La evidencia muestra, sin embargo, lo contrario. La ideología dominante de aquel régimen reunía cada una de las once características definidas en este artículo. En cuanto a la pequeñez de la Falange, ignora que un partido o fuerza política puede ser de escaso tamaño y en cambio, su ideología, puede ser la hegemónica en el país. Los partidos liberales hoy en Europa son minoritarios y, en cambio, el neoliberalismo es hegemónico en Europa.
Por qué se quiere negar el carácter totalizante de aquel régimen
Una última observación. El lenguaje no es inocente. La narrativa oficial es siempre la que es promovida por la estructura del poder de un país, y lo mismo ocurre en España. Negar el carácter totalizante del régimen dictatorial, su nacionalcatolicismo, el ingrediente central del fascismo español, tiene una función política de enorme importancia, como podemos ver hoy. Las contrarreformas que está llevando el gobierno del Partido Popular y la ideología que lo sustenta tienen sus raíces históricas en el fascismo español. La obvia falta de cultura democrática del PP, su intento de recuperar un nacionalismo extremo, su negación de la plurinacionalidad de España, su represión de la clase trabajadora con pérdida de derechos laborales, sociales y políticos, su estrecho ligamen con los grupos fácticos y poderes económicos, sus contrarreformas educativas para generar “élites superiores” que gobiernen el país, su profundo nacionalcatolicismo, son todo ello reliquias del fascismo que caracterizó aquel Estado. No estoy, naturalmente, indicando que el PP o su cultura sean fascistas, pero sí que estoy subrayando que partes de esta cultura son heredadas del régimen fascista. Y soy consciente de que cuando lo defino como fascismo en lugar de franquismo, se generará una respuesta de hostilidad, no solo por parte de las fuerzas conservadoras españolas sino también incluso por parte de algunas izquierdas que ven el término fascismo como “excesivamente fuerte”. Y ahí está el problema. Viendo a aquel Estado como meramente autoritario no se dan cuenta de la continuidad de la ideología que todavía hoy rige el establishment conservador con la existente en aquel régimen dictatorial que científicamente puede demostrarse que fue de una ideología totalizante fascista.
VICENÇ NAVARRO
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra.

¡Desempeño de cargos Públicos! Si ! ¡no pertenecer a partidos políticos o sindicatos Tambien!


Constitución Española, 1978. 

Órgano CORTES GENERALES

 TÍTULO VI

Del Poder Judicial

Artículo 127
 
1. Los Jueces y Magistrados así como los Fiscales, mientras se hallen en activo, no podrán desempeñar otros cargos públicos, ni pertenecer a partidos políticos o sindicatos. La ley establecerá el sistema y modalidades de asociación profesional de los Jueces, Magistrados y Fiscales.
2. La ley establecerá el régimen de incompatibilidades de los miembros del poder judicial, que deberá asegurar la total independencia de los mismos.

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Cuando un juez llega a la conclusión de que es perfectamente legal ser militante o afiliado de un partido e impartir justicia, es que el sistema judicial está corrompido y por lo tanto, sus decisiones deberán ser desobedecidas porque sólo atienden a intereses partidarios y no al bien común. La neutralidad se licúa o se evapora en cuanto un juez reconoce su afiliación partidaria, porque el principal deber de un afiliado es cumplir las instrucciones y directrices del partido.

Lo que es legal puede ser no ético y si no es ético, carece de fundamento para ser acatado.


Lo que tiene que hacer el Presidente del TC es dimitir junto con el Gobierno que, por ser militante de ese partido, le encumbro a tan alta magistratura.
 

Y si no lo hace, la ciudadanía está en su pleno derecho de desobedecer lo que sentencie.

Todo lo demás es una interpretación, manipulación torticera perversa del art.127.1 Constitución Española de 1978. Publicado en BOE núm. 311 de 29 de Diciembre de 1978.

Como no se van a reír de nuestro país con los impresentables que tenemos en los distintos órganos en la actualidad.

fdo.: un patriota.